La Sierra y los viñedos de altura; una ruta por el patrimonio cultural y etnográfico. 

Desde aquí, observamos uno de los elementos naturales del paisaje más relevantes: la Sierra de Cantabria, un macizo calizo que discurre en dirección este-oeste con alturas que alcanzan los 1.280 metros y fuerte pendiente que se modera a medida que nos acercamos al Ebro. Constituye una defensa climática de toda la zona vitivinícola de la Rioja Alta, protegiéndola de las influencias atlánticas.

Este es un hecho de vital importancia sobre la climatología del viñedo que se encuentra en las partes más llanas, provocando el denominado efecto “Foehn” a escala local, en el que los vientos del norte, fríos y cargados de humedad en el Cantábrico y que tendrían efectos perjudiciales sobre el viñedo y la uva, chocan con la Sierra de Cantabria que les obliga a ascender para salvar el obstáculo. La ascensión hasta la cumbre junto al consiguiente descenso de la temperatura provoca la condensación de la humedad generando lluvia que se precipita sobre la vertiente norte de la Sierra.

Alcanzadas las cumbres, el viento norte, ya seco por haber descargado toda su humedad, desciende por la ladera sur, a sotavento, calentándose a medida que pierde altura y recibe los rayos del sol desde el amanecer hasta el ocaso.

Esta peculiaridad climática unido a las características del terreno predominantemente arcilloso-calcáreo, dan como resultado uva de una gran calidad. A partir de los años 90 fueron muchos los viticultores que apostaron por iniciar nuevos proyectos, y, como resultado tenemos en la localidad más de 20 bodegas de elaboración de vinos de gran calidad, reconocidos tanto en el mercado nacional como internacional. 

En esta zona se localizan  doce necrópolis, restos de poblados y ermitas, lagares rupestres e incluso un dolmen y un menhir. Descubre la Sonsierra caminando entre viñedos.

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